jueves, 6 de marzo de 2014

Ruta de mi vida .

Todos los días de regreso a su casa, Clara se sentaba en el banco de la estación de trenes y dedicaba unos cuantos pensamientos a todo aquello que transcurría durante su corta vida. Dependiendo del color de su día enfocaba su pensar en distintas personas, claro que la mayoría de los días ese lugar lo ocupaba Tomás, un elegante joven que había conocido en una fiesta y con el cual iba compartiendo casi 4 años de noviazgo. Clara era una chica simpática, muy bella por cierto y con un carácter particular, esto quiere decir que podía ser la persona más enternecedora y sensible hasta la más chillona y malhumorada. En cambio, Tomás era una persona que conservaba siempre el mismo carácter: bonachón, chistoso y bien predispuesto para todo aquello que se le proponga, en simples palabras “la vida le sonreía a cada instante!”.
Ambos aprendieron a llevar juntos una vida casi fantástica, esto quiere decir que supieron unir sus personalidades de tal manera que, en un principio, parecía que eran el uno para el otro. Ellos permanecían la mayor parte del tiempo alejados el uno del otro, ello se debía a que cada uno llevaba a cabo sus estudios en una ciudad diferente.  Clara siempre decía que lo extrañaba como extrañan los perros quienes “desde el primer momento hasta el último lo hacen de una manera infinita y el vacío que sienten es el mismo a cada instante”.
Cada atardecer en la estación de trenes ella pensaba qué la había llevado hasta allí, quién era y quién quería ser, y hasta muchas veces llegó a preguntarse si Tomás era realmente su compañero de vida. Como toda pareja en varias situaciones no lograban entenderse, ella era una persona muy sensible que necesitaba, no siempre, pero la mayor parte del tiempo una demostración de amor más allá del rutinario: “te amo”; por el contrario Tomás siempre fue de pensar que todo está dicho y que no es necesario demostrar con hechos y palabras algo que la otra persona sabe que siente. Para ser un poco más sincera, casi el 90% de los hombres carece de esa sensibilidad y necesidad de pegote que padecemos la mayoría de las mujeres.

Últimamente Clara sentía que todo lo que hacía para estar un poquito más cerca de Tomás la terminaba finalmente alejando de él, ya que él no consideraba oportuno aquello que ella hacia. Ahora me pregunto.. Si no existe tal pareja? Si Clara y Tomás son sólo una forma de darle un nombre a algo que siento y no estoy dispuesta a asumir propio?

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